Las Danzas Sagradas Circulares son un hermoso regalo para el alma,una caricia al corazón, un alimento para nuestro ser corporal. Siempre están vibrando aquí y allá, dándonos la oportunidad de celebrar la vida y la magia que nos envuelve cada vez que somos parte del círculo. Su centro es un corazón que pulsa vida, que irradia luz... Con cada latido, su resplandor crece, sostenido por nuestra propia luminosidad...

miércoles, 27 de mayo de 2026

Cuando encontrarnos en la ronda y danzar juntos nos enciende sonrisas en el alma

Cada vez que aparece una invitación para danzar en ronda, el corazón comienza a bailar; respiramos aires de sanación, de esperanza, de alegría y el alma se enciende y vibra, anticipando la magia del encuentro. Todo nuestro ser se pone en movimiento, esperando el día del maravilloso encuentro de alma con alma; de corazón con corazón; de miradas con miradas… de ojos que se buscan y se encuentran; de cuerpos que se mueven en sintonía, acompasando todos los ritmos que nos invitan a recorrer geografías cercanas y lejanas y a viajar en el tiempo, celebrando la vida. Y, cuando al fin se produce el encuentro, van apareciendo una a una –y muchas veces, todas juntas- aquellas voces que añorábamos escuchar… Y las palabras recorren los espacios que habitamos, danzando al ritmo de todos los corazones que ya están celebrando la vida. Se mezclan los abrazos, los saludos, las sonrisas y hasta el aire se viste de fiesta, uniéndonos en un abrazo cálido y gigante.
Las rondas giran y giran, aquí y allá… llamándonos a compartir la danza de manos dadas; con las miradas que se acompañan unas con otras miradas; con sonrisas que se despiertan y se inspiran mutuamente; con movimientos y con pausas compartidas; con sonidos y silencios que nos abrazan… Cada ronda girando se transforma en remolinos de luces multicolores, teñidas con las múltiples identidades que nos acercan a la historia de todos los pueblos, de todos los tiempos, con dignidad, con respeto y con el anhelo de la consagración de una genuina hermandad en la gran familia humana.
Estas rondas danzantes son semillas de luz, de amor, de alegría, de respeto y solidaridad… y tienen esa fuerza vital e infinita que hace florecer la PAZ.
Sólo quien vivencia estos encuentros, en cuerpo, en alma y con corazón, llega a comprender su magnitud, su poder transformador y sanador, su trascendencia…  y se transforma así, en testigo sonoro de toda la expansión que siente el alma cuando cada ronda se pone en movimiento!